martes, 28 de febrero de 2017
Un cuento de carnaval.
Ya son épocas de carnavales, ya está todo el mundo nervioso, todos los grupos de amigos se reúnen para saber qué disfraz ponerse, cómo hacerlo para que no quede ningún detalle de un bonito traje.
Como de costumbre Ana y sus amigos y amigas quedan por las tardes para ver de qué se disfrazan.
Eva, una amiga de Ana, veía a su amiga muy rara, más que de costumbre ya que a Ana siempre le han gustado muchísimo los carnavales porque es una niña muy alegre y que le gusta divertirse con todo el mundo, siempre tiene ideas de disfraces muy divertidos, de cómo hacerlos, qué ponerles, qué colores, vamos, que Ana no se dejaba ningún detalle detrás.
Pero sin embargo, ese años ella estaba diferente, estaba más apagada de lo que ella realmente es, su amiga Eva que la conoce muy bien, veía sus ojos apagados, la veía sin energía, sin ganas de carnaval, y eso... eso era muy raro en ella.
Pues como buena amiga, Eva preocupada no dudó ni un segundo en preguntar a su amiga que qué era lo que le pasaba, ya que la veía diferente, tampoco dudó en decirle que tendría todo su apoyo en todo lo que fuese y que iba a ayudarla. Así, Ana respondió a su amiga que estaba pasando por un mal momento, ya que su madre había caído muy mala y que lo único que le preocupaba en esos momentos era la salud y el bienestar de su madre y así Ana contó el problema a Eva. Su amiga no dudó en apoyarla y en decirle que su madre se iba a recuperar y que si ella estaba bien su madre también iba a estarlo y sobre todo que tenía que darle mucho ánimo y apoyo a su madre.
Ana, entró en razón y se puso alegre, porque pensó lo que le dijo su gran amiga, si su madre la veía bien todo iba a ir mucho mejor.
Tras esto Ana, Eva y todos los amigos comenzaron con la preparación de su gran traje de carnavales. Quería un traje que fuese alegre con mucho color.
Y así llego el gran día, ya estaba todo listo, todos los trajes acabados para demostrar que sus trajes eran los mejores.
Eva antes de salir de casa le dijo a su amiga Ana que aún le faltaba algo en su traje, que le faltaba su gran sonrisa. Ana sonrió con una enorme sonrisa y le agradeció todo a su amiga por que le apoyó en todo. Y así, disfrutaron de unos buenos carnavales.
Y yo ahora me pregunto: ¿Y tú? ¿Te has puesto ya tu sonrisa ?
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